
Tras analizar en contadas ocasiones y siempre que he tenido
oportunidad de hacerlo, a los humanos, me he dado cuenta, de que
todos cometemos los mismos "Errores".
No queremos que nos den consejos, porque no los aceptamos. Pero
tampoco queremos ir por la vida sin una voz experta qu enos guíe y
nos abra los ojos. Una voz que nos diga: ¡ Ya te lo advertí !,
Suspiramos porque se nos resiste la victoria. Porque no conseguimos
aquello que nos propusimos. Porque nos hemos dado cuenta, de que
aquello por lo que suspirábamos, no era lo que queríamos realmente,
y lo que queríamos, lo hemos dejado escapar. Y llegan los
arrepentimientos tardíos. Cuando ya, irremediablemente, las cosas
no tienen remedio. Y nos lamentamos. ¿Podríamos haber hecho algo?
Sí. Pero no merce la pena. Aprenderás para la próxima vez, de eso,
estate seguro.
Entonces, ¿Qué es mejor? ?Escuchar la voz ajena que no se ocupa de
sus propios problemas pensando en los tuyos? ¿Vivir ajenos a
consejos que posiblemente cuando los pongamos en práctica se
habrán quedado añejos?
No. Esa es la respuesta. Debemos vivir, hacer, pensar y sentir, tal y
como creamos que es lo correcto. Al fin y al cabo, el mundo está
como está, y tú, eres tú, en un determinado día, en unas
circunstancias personales y con unos antecedentes, que aunque
quieras olvidarlos, te persiguen en tus pensamientos cotidianos.
No hay más ley, que la ley de la vida. La ley que dice que te montes
en el tren y que vivas la vida en toda su plenitud, como creas que es
la forma adecuada de hacerlo. Que disfrutes viviendo el presente y
que respires profundamente, intentndo vivir todos los segundos que
te queden por delante, de la mejor manera posible.
Si tienes las riendas, encarrila tu vida. Todavía estás a tiempo.